jueves, 18 de junio de 2009

Ester cap 1. 1-"Estamos invitados a la fiesta"

Hace unos días vi una entrevista en la que las palabras que definían mas a los españoles eran "Siesta y Fiesta", y es posible (soy español). Por nuestra cultura heredada, ya que en España hay mezcla de cultura árabe, romana, y judía (sefardíta), pero no son las únicas. Pero no voy a hablar de nuestra cultura sino del pueblo de Israel cuando estaba en el exilio, y que a pesar de ser un pueblo que celebraba muchas fiestas, durante el exilio no estaban tan alegres como para celebrar nada, algo así como nosotros que cuando no que cuando todo va bien somos capaces hasta de cantar, pero cuando no van también las cosas, no celebramos nada (ni lo bueno). El pueblo de Israel había dejado colgadas sus arpas sin deseos de celebrar nada, como si no hubiese nada que celebrar.

"...Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas."
Sal 137:1-4 (RV1960)

¡Que pena de arte desperdiciado! cuando la mayoría del pueblo decidió que "al enemigo ni agua" hubo unos cuantos decididos a dar de lo que Dios le había dado. Veamos el capítulo 1 de Ester.

El rey Asuero decidió hacer una fiesta "para mostrar las riquezas de la gloria de su reino." Ester 1:4.
Esta fiesta era para sus gobernadores y príncipes. Podríamos decir que comparativamente es como si Dios hiciese una fiesta para la iglesia (reyes y sacerdotes del Reino de Dios).

Y pasados estos días hizo otro banquete para TODO EL PUEBLO, que sería como decir comparativamente que Dios invitó a TODO EL MUNDO, desde el mayor hasta el menor.

Y daban a beber en vasos de oro; vasos diferentes; daban mucho vino real. Esto me recuerda al texto de Juan 7:37 en el que Jesús invita a todo el que tenga sed a beber de Él.

Pudiéramos pensar, en la comparación que vengo haciendo, que los vasos fuésemos la iglesia en la que Dios deposita de Él para que otros puedan beber.

Para esto habría que tener en cuenta que los vasos eran de oro (pureza), con lo cual para serle útiles a Dios sin contaminar el contenido deberíamos estar limpios (a nadie le gusta beber en un vaso sucio), pero no solo eso sino que al igual que los sacerdotes que llevaban una diadema de oro puro en su cabeza que indicaba "santidad a Jehová" de la misma forma deberíamos ser como esos vasos de oro puro que indica pureza, apartados para servir a Dios.
También hay que tener en cuenta que los vasos eran diferentes unos de otros, igual que nosotros, que no debemos compararnos, sino simplemente dar lo que Dios nos ha dado, cada vaso con su forma, cada siervo con su forma.
Sin obligar a nadie a beber, esa era la orden del rey Asuero, de la misma manera deberíamos hacer nosotros, no obligar a nadie a recibir lo que tenemos de Dios, pero si ofrecérselo con amor, de acuerdo a la generosidad de Rey de Reyes.


Próximamente hablaré de la actitud de la reina.
Un abrazo
jRm.



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